Para escapar del bullicio, migré a la Ciudad de La Plata a mis 18 años y en 2013 entré a la Facultad de Ciencias Naturales empujada por la curiosidad de querer saber más del reino vegetal, del cual no tenía ni la más remota idea pero con la certeza y la confianza de que la curiosidad tiene la virtud de llevarnos más allá de nuestra expectativa y conocer nuestro verdadero potencial.
Y ahí me encontré yo, fascinada con el microcosmos que se me abría frente a la lupa binocular y enamorada de mi nueva percepción de la naturaleza.
Allí fue cuando me puse a dibujar todo lo que aprendía porque tal era el caudal de información que las palabras no eran suficientes (y mi memoria siempre funcionó mejor con imágenes).
Comencé dibujando células, tejidos vegetales, algas, hongos, semillas, frutos, hojas, etc.. Poco a poco fui evolucionando como un árbol de la vida que iba creciendo a la par de mi conocimiento botánico.