Julieta Bejar

Como tantas otras personas, gran parte de mi vida llevé mi arte como un hobbie. 

Habiendo crecido entre los edificios de la Ciudad de Buenos Aires, improvisando pinceladas con los acrílicos prestados de mi madre, enhebrando mostacillas, fabricando casas de madera balsa.

¿Cuántas veces habré escuchado eso de que “no se podría vivir del arte”? Así que yo ni me lo planteaba como una posibilidad, pero no podría dejar de crear.

Para escapar del bullicio, migré a la Ciudad de La Plata a mis 18 años y en 2013 entré a la Facultad de Ciencias Naturales empujada por la curiosidad de querer saber más del reino vegetal, del cual no tenía ni la más remota idea pero con la certeza y la confianza de que la curiosidad tiene la virtud de llevarnos más allá de nuestra expectativa y conocer nuestro verdadero potencial.

Y ahí me encontré yo, fascinada con el microcosmos que se me abría frente a la lupa binocular y enamorada de mi nueva percepción de la naturaleza.

Allí fue cuando me puse a dibujar todo lo que aprendía porque tal era el caudal de información que las palabras no eran suficientes (y mi memoria siempre funcionó mejor con imágenes).

Comencé dibujando células, tejidos vegetales, algas, hongos, semillas, frutos, hojas, etc.. Poco a poco fui evolucionando como un árbol de la vida que iba creciendo a la par de mi conocimiento botánico.

Justo antes de concluir mis estudios tuve la suerte de conocer y aprender con grandes artistas las técnicas más clásicas de ilustración científica y naturalista. Fue gracias a ellos y a su inspiración que mis dibujos empezaron a tomar vida.

Me quedaba un largo camino por delante pero mi entusiasmo y mi determinación me sumieron en una práctica rigurosa y disciplinada que fue forjando y fortaleciendo mi arte.

El color no tardó en llegar, las acuarelas inundaron mis ilustraciones y lo cambiaron todo. Este nuevo lenguaje encontró su lugar en mi corazón y mis dibujos y dió un giro a mi arte.

Mi experiencia en el ámbito académico fue sumamente gratificante, encontré en el rol docente un lugar donde compartir mi pasión, mi curiosidad y mi amor por las plantas.

Esta experiencia me dió el regalo de saber que además de ser bióloga por elección soy docente por vocación. Concluidos mis estudios, supe que ya no podría separarme de la biología, ni de la docencia y tampoco soltar a mi nuevo amor: la ilustración naturalista. Y así fue como nació NUNKUI.

NUNKUI es mi proyecto de vida: vivir siendo lo que soy y haciendo lo que me gusta. Vivir como bióloga, como docente y como ilustradora, compartiendo el amor por la naturaleza, enseñando a observar el mundo que nos rodea y encontrar la manera más auténtica de representar la vida en todas sus formas.

Desde sus inicios hasta hoy, NUNKUI ha congregado a más de 2000 personas a pintar y mirar la naturaleza con ojos de artista.

Hoy se ha convertido en una extensa comunidad de ilustradores/as naturalistas de todo el mundo que nos reunimos todas las semanas para seguir inspirándonos y darle un lugar en nuestra vida a esta disciplina que pende entre la ciencia y el arte. 

Si has llegado hasta aquí, te doy la bienvenida a este maravilloso mundo donde todos somos sembradores de nuestros propios jardines, donde todos somos capaces de criar a los animales más asombrosos y volar con las aves más espectaculares.

Te invito a que tomes tu pincel y comencemos juntas a pintar tu propio paraíso, ¿te animás? Nos encontramos detrás de las puertas de NUNKUI.